Orfeón Moratalaz
Orfeón Moratalaz

"La música, el Orfeón y yo", por Salvador Santos

Me gustaría empezar contándoles mi experiencia como algo excelente, pero no puedo... es que es algo más que eso que no puedo calificar. Quiero compartir con ustedes lo que vivía antes y después de conocer el Orfeón.

Trabajaba muy tranquilamente hasta que se apareció una persona, muy espigada, de buena talla -guapísima ella- amante de la música; para mí, que soy creyente, enviada por Dios; si me pongo en el lugar de los que no creen, diría: la buena suerte. En fin para todos hay algo especial cada día.

Vaya qué pregunta tan directa y con muy buen tono, ¿Te gusta cantar? Respondí con mucho temor; me imaginaba en ese instante a Bustamante, Bisbal, Sanz, ¡oh¡ qué cantantes, pero no, al comentarme el tipo de música, mi mente se afilaba a las notas de un violín, de un piano, de una quena con su suave sonar; pero más aún alimentaba mi mente con la voz de un Pavarotti o de mi estimado Juan Diego Flores. Vaya, qué lejos había volado mi mente y que lejano veía yo cantar como ellos.

Respondí que sí, que me gustaba cantar. Pero en ningún momento quise decir que sabía cantar. En ese momento venían a mi memoria tiempos pasados cuando intentaba cantar  melodías que me parecían absurdas, con sonidos desastrosos para mis propios oídos y cuando buscaba oír a los demás para no llegar a despreciar mi propia voz; claro solo tenía 14 años y me asustaba que otras personas se rieran de mí.

Para cuando tuve esta agradable sorpresa, me refiero a esta invitación  especial, lo de cantar y pertenecer a un grupo dedicado a la música me producía cierto temor, temor a no tener la voz que buscaban, así que respiré profundamente y dije "si", me gustaría conocer y cantar.

Algo acompañaba en ese entonces a mi estado anímico; la soledad de verme sin mi familia, la tristeza y preocupación de tener una hermana, (tengo 6), que se encontraba delicada de salud; aliviar el espíritu es lo que buscaba y considero que alguien percibía en mí tal necesidad.

Qué día, me encontraba en un salón amplio, muchas personas, empezaban a soltar unas melodías; al frente un director muy firme y tal vez algo reacio, me hacía recordar mis años de niñez cuando el maestro impartía las clases de matemáticas; sí que era terrorífico, poco a poco afinaban las voces,  vaya, si parecían mis canarios, claro comparado con su canto por supuesto. Me sentía algo nervioso como que no encontraba encajar en el lugar.

¿Eres tenor o bajo me preguntaron? Bajo les dije, sin embargo con tantos años como llevaba la voz escondida, no sabía cuál era bajo o cuál era tenor, en fin ahí le voy, me dije, veremos qué pasa.

Al oír las letras de las canciones, tan desconocidas que sonaban para mí en un idioma extraño, no era otro idioma, era español, mi mente leía las canciones de esa manera. En un momento que interrumpe los ensayos, el Director se dirige a una hermosa mujer de cabellos cortos y rubios, le dice, tenemos un nuevo integrante, a ver si le haces una prueba y sabremos cómo va. Estaba tan asustado, madre mía: cuánto tiempo que no me hacen una evaluación, seguro que me ponen cero. Ah dice el director, pero falta la presentación y claro de por medio la supuesta entrega del jamón pata negra por haber  traído un invitado y posible participante. Luego de la presentación, a ponerme de pie era yo quien tenía que presentarme, no sabía qué decir; tal vez que cantaba mucho al momento de la ducha o cuando caminaba por los campos de cultivo inmerso en la más escasa compañía.

Lo más trágico fue cuando al llegar el día indicado para la prueba, estaba solo el director, y para mis males, se le ocurre hacerme una prueba de voz, mi mente aceleradamente buscaba una solución, ah sí, a ver si logro convencerle con una canción de la iglesia "Cerca de Ti Se.."  Esperaba que me dijera: lo siento, pero el canto no es para ti.

Minutos más tarde llegó la hermosa mujer de cabellos cortos y rubios; me invitó a ir a otro salón, cántame una canción me dijo, ¡uy....! No sabía cuál...; entonces se me prendió el foquito de las ideas y recordé una canción que aún tengo en mente de cuando salía con mi compañera de carpeta en la secundaría "Qué será de ti", de Roberto Carlos... Qué satisfacción lo que me dijo la maestra, qué emoción, qué satisfacción; espérame Juan Diego Flores, que voy a tu alcance. Bueno tanto así la verdad no. Pero qué emocionante es.

Llegué sin conocer, sin saber las canciones, con miedo... Bueno, lo sigo teniendo; estando en el Orfeón y en los ensayos se me aparecía una sombra de protección, cuando al desafinar  me acercaban el codo tanto de la derecha como de la izquierda, dándome a notar que debía corregir, no se cuál es más alto, pero sí estoy seguro de que los dos son muy grandes.

Uno de los mayores obstáculos es el factor tiempo y horario.  Haciéndose más difícil, me cambian de horario en el trabajo; aun así no he faltado a los ensayos, pero tuve que cambiar el turno con mis compañeros en la empresa; igual salí castigado porque me ha sido difícil recibir las clases de canto y música que la hermosa mujer de cabellos cortos y rubios debía impartirme; es que deuda que se adquiere, deuda que se paga, tengo que devolver los días de trabajo que me habían apoyado en mi trabajo.

Todo tiene recompensa en la vida, mientras se me hacía difícil por un lado, las satisfacciones y alegrías me alegraban el corazón, me dijeron que recibiría una investidura, ¡vaya!, estaba pasando el tiempo y a falta de una madrina, tuve  dos, ¿es que se puede estar mejor premiado en la vida? Considero que no.

Saben que desde que he pasado esta experiencia es diferente mi vida, ahora comprendo la parte que faltaba completar, el haber tenido la oportunidad de conocer el Orfeón pero sobre todo el haber conocido ese material humano que pertenece a esta coral hace que me sienta orgulloso de pertenecer al Orfeón Moratalaz. No puedo decir que estoy feliz en estos momentos, lo que sucede, que esto de las vacaciones nos ha alejado tanto, que solo espero pase pronto; para nuestro próximo reencuentro.

No he descrito a nuestro director, como lo hice con esas dos hermosas mujeres, porque me viene a la mente que una vez  él me dijo: "necesitamos ponernos una gorra porque el sol es inclemente con nosotros".

No sé si esta es la mejor experiencia  con la música ya que a lo largo de mi vida he pasado momentos totalmente diferentes, pero todos vinculados a ella, desde mi corta edad hasta hace unos años que dejé de lado el canto.

¿Te gustaría conocer qué me pasó en mis años pasados y mis vínculos con la Música? Escríbenos,  entonces, sabré qué te interesa y me animaré a escribir para ti.

 

Salvador Santos

Madrid 30 de agosto del 2010

 

Contacto:

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Metro: <Vinateros>
Tel. +34 619.556.194

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