Orfeón Moratalaz
Orfeón Moratalaz

DOSCIENTOS MILLONES EN EL BANQUILLO

 

 

2ª parte - 2/2

 

                Serían poco más de las cinco de la tarde cuando se me presentó en casa un mensajero vestido de amarillo.

-        Vengo a recoger su Tableta para enviarla al Servicio Técnico.

Al día siguiente quise saber qué estaban pasando con mi “Tableta”, la que me regaló el Orfeón en Navidades y a la que tengo en gran estima. Entré en internet y piqué con el ratón en un enlace que me llevaba a la empresa del chico de amarillo.

A medida que iba leyendo, crecía mi asombro.

-        Recogida en casa del cliente: a las 17,50

-        A las 22,33 sale de Madrid

-        A las 0,45 llegada a Bruselas

-        A las 5,13 llegada a Bratislava, Eslovaquia

-        A las 8,22 en Brno, República Checa.

-        A las 10,12 en el Servicio Técnico donde iba a hacerse la reparación.

Yo me preguntaba por qué el fabricante, en lugar de gastarse tanto dinero en enviar mi máquina por avión, no me había regalado otra igual. Le habría servido como publicidad y le habrá salido más barato, pensaba yo para mis adentros.


Un buen diagnóstico

Pero el fabricante sabía lo que se hacía. La información que yo había facilitado apuntaba a que mi “Tableta” podía tener un problema de diseño o un defecto de fabricación. Y era muy importante descubrirlo cuanto antes. Sin un buen diagnóstico del problema, ni el fabricante ni nadie podría acometer su reparación con garantías de éxito.

Algo semejante ha ocurrido en el Orfeón. La primera parte de este artículo, titulado <200 Millones en el Banquillo 1/2> nos puso en guardia sobre algo que bien podría haber sido un error de diseño o un fallo del Orfeón. Y sois muchos los que os habéis puesto a estudiar qué estaba pasando y por qué. Se han recibido numerosos correos y muchas llamadas ofreciendo reflexiones interesantísimas, comentarios, observaciones que a mí se me habían pasado por alto y propuestas en las que yo no había pensado. Gracias, a todos.

Con las aportaciones recibidas hemos elaborado un diagnóstico que parece certero y que paso a resumir: tenemos un problema de personal.

 

Mirando hacia atrás

La experiencia de estos años ha sido riquísima: arrancamos de la nada como Taller de Música y Canto dirigido a personas que no habían tenido antes la oportunidad de cantar. Por eso no hicimos selección de voces. Medio en broma medio en serio decíamos que si se nos presentaba por allí la Caballé le negaríamos la admisión porque cantaba demasiado bien.

Pasado un tiempo, con más entusiasmo que proyecto de futuro, nos convertimos en un “Coro sin nombre” y empezamos a cantar algo de polifonía, cosas muy sencillas que nos salían un tanto desafinadas. Al fin y al cabo, éramos unos novatos sin experiencia coral.

De ahí nació el Orfeón Moratalaz. Hicimos piña entre todos y poco a poco hemos ido creciendo hasta llegar a sentirnos relativamente satisfechos de lo mucho conseguido.

Nuestro diagnóstico, en el que coinciden la mayoría de las aportaciones recibidas, es claro: un problema de personal. En el Orfeón somos muchos, tal vez demasiados, y muy diversos. Ahí radica nuestra debilidad y nuestra mayor fortaleza. Durante los primeros años trabajamos como taller de canto en el que tenía cabida todo el que quisiera aprender a cantar. No se hicieron audiciones para seleccionar al personal. No se exigieron unas habilidades mínimas (voz y oído musical) a los candidatos. Y era lógico pues entonces no pensábamos en dar conciertos sino en acudir a las residencias de mayores para alegrarles un poco la vida.

Andando los años se fueron incorporando cantores que entraron con ilusión y realizaron un excelente trabajo; posteriormente algunos de ellos se han visto superados por circunstancias de salud, trabajo, ocio u otros intereses personales y ya no pueden seguir el ritmo del Orfeón. Otros son como los ciclistas que van muy bien mientras las etapas son llanas o tienen pequeñas subidas. Pero que no pueden con la alta montaña.


Una nueva etapa

Se impone una renovación; tenemos que organizarnos; dejar espacios libres para incorporar savia nueva.

Es el momento de afrontar una nueva etapa. El Orfeón es un hermoso proyecto con cuyas líneas maestras nos sentimos identificados, pero exige cambios. Algunos podrán ser dolorosos; intentaremos que no resulten traumáticos.

Alguien proponía llamar al “pan, pan y al vino, vino”:

-        si sólo se necesitan 40 cantores –me dijo- por qué vas a tener 60”.

Me parecía que estaba utilizando el lenguaje de las multinacionales. Cuando se explicó un poco más, me tranquilizó. Y yo se lo agradecí.

Otro me dijo:

-        ¿Y por qué no 80 cantores o más? Algunos coros tienen ese número y les va muy bien.

Analizando varios ejemplos vimos que hay coros que pasan de 100 cantores, como los coros sinfónicos o el Orfeón Donostiarra pero… nuestro caso es distinto. Ellos han estudiado música y canto, están bien entrenados y actúan junto a profesionales en grandes escenarios, a menudo con orquesta. Nosotros ni siquiera disponemos de un local de ensayo donde sentar a tanta gente.

Con algunos compañeros hemos analizado también el caso de ciertos coros que funcionan a la manera de un grupo de amigos que decide no renovarse: se encuentran muy a gusto entre ellos, son buenos amigos y no quieren a nadie que les perturbe. Pero ese no es nuestro proyecto.

Sería muy largo recoger aquí las aportaciones de todos, a cuál de ellas más interesante. En esas aportaciones se basan las conclusiones que aparecen a continuación:


Eméritos

Vamos a mantener viva la figura del “orfeonista emérito” para aquellos de nuestros mayores que se han hecho acreedores a este reconocimiento. Su ejemplo y su dedicación al Orfeón nos marcan el camino a seguir. Ellos ya no van a cantar en los conciertos, pero les queremos siempre cerca con su afecto y sus palabras de aliento, con su crítica –cuando sea preciso- y con su aplauso. Son un tesoro humano al que no queremos renunciar.


Suplentes

Algunos orfeonistas van a tener que ser suplentes en determinados conciertos, algo que nadie debería ver como un desprestigio o un desdoro personal. Los grandes equipos sientan a veces en el banquillo a jugadores internacionales de reconocido prestigio. Cuando estos progresan o superan una mala racha, vuelven al equipo titular. Sucede a veces que el suplente que salta al campo en la última media hora del partido mete el gol de la victoria y el público se deshace en aplausos. Claro que para ser suplente se necesita no poca generosidad y mucha grandeza de miras. Porque el suplente es siempre una persona de equipo más interesada en el éxito del conjunto que en su lucimiento personal.

 

Se entiende que algunos orfeonistas no quieran limitarse a ver cómo actúan sus compañeros y aspiren a participar ellos mismo en los conciertos. ¡Natural! Habría que darles todas las facilidades del mundo para que puedan cantar en otro coro sin dejar el Orfeón y sin que este deje de ser su primera opción cuando haya coincidencia de ensayos o conciertos en la misma fecha. Por parte de este director, esas facilidades las tendrán. Lo primero que ofreceremos a estos orfeonistas suplentes es un coro donde puedan ser titulares desde el primer día. E inmediatamente les diremos que si, además, asisten asiduamente a nuestros ensayos y llevan bien aprendidas las canciones, podrán llegar a ser titulares del Orfeón. ¿Cuándo? “La respuesta está en el viento”, que cantaba Bob Dylan: “The answer my friend is blowin' in the wind”; depende de sus habilidades musicales y, sobre todo, de su dedicación.

 

Titulares

En todo coro hay un grupo de cantores a los que se considera titulares. Para mantenerse en ese puesto se necesitan condiciones para el canto (voz, oído) y dedicación, mucha dedicación. No vale eso de “yo me aprendo las canciones enseguida y no necesito ir a los ensayos” o “yo tengo buen oído y no necesito estudiar en casa”. Un concierto exige trabajo en equipo. Y nadie, salvo excepciones, debería salir a cantar en público sin haber trabajado el programa de canciones junto a los demás compañeros.

 

Es importante señalar que la titularidad en el Orfeón no es ni puede ser vitalicia. El director tiene la obligación de poner a los que mejor preparados estén en ese momento. A veces se equivocará, claro que sí. Cuando esto suceda, la respuesta del orfeonista que se considere injustamente marginado o minusvalorado no debería ser nunca la “pataleta” sino un diálogo sincero con el director para hacerle ver dónde está su error.


Estímulos

Es posible que esta nueva etapa, que ahora inicia el Orfeón, con eméritos, suplentes y titulares provoque en algunos orfeonistas cierto desasosiego. No debería ser así. Sólo buscamos establecer estímulos que nos impulsen hacia arriba, que nos ayuden a conseguir mayor calidad musical y humana dentro del coro. Haríamos mal durmiéndonos en los laureles. Sólo haciendo piña entre veteranos, recién llegados y nuevos cantores que quieran unirse a nosotros en años sucesivos, lograremos nuestro objetivo: armonía de voces y armonía de espíritus.


Soñando despierto

Os voy a contar un sueño muy dulce, para soñar despiertos.

Cuando pienso en lo que puede llegar a ser el Orfeón dentro de no sé cuántos años… me veo ancianito, aquejado de sordera, con chaquetón y boina para protegerme del frío, sentado en un rincón junto a Victoria y escuchando alguna de las canciones que hemos aprendido juntos. Para entonces ya no podremos ni cantar ni dirigir pero sí disfrutar de algo hermoso que hemos contribuido a crear. Me gustaría que algunos orfeonistas, los que habéis dado lo mejor de vosotros mismos al Orfeón y ahora vais a dejar el puesto a otros, podáis de disfrutar de sueños tan gratificantes como el mío.


Félix Barrena

Director del Orfeón Moratalaz

Contacto:

Orfeón Moratalaz
Madrid, España
Metro: <Vinateros>
Tel. +34 619.556.194

 correo@orfeonmoratalaz.es

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Viernes, 23-Feb-2018

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